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De Nicaragua a Berriozar

13 Abr , 2015  

Silvio Ortiz, que reside en Berriozar desde 2005, añora su país aunque se siente agradecido a Navarra por haberle ofrecido una oportunidad.

En 1979 se produjo en Nicaragua el triunfo de la Revolución Popular Sandinista, poniendo así fin a una dictadura que había dejado al país con más de un 50% de analfabetos. En ese momento, estudiantes, médicos, maestros y demás ciudadanos decidieron iniciar un proceso de alfabetización por las zonas rurales y campesinas, reduciendo el porcentaje al 13%. El nicaragüense Silvio Ortiz, fue una de las personas que participó en esa campaña.

Silvio, ¿cómo fue ese proceso de alfabetización en el que participaste?
Yo había estudiado la Secundaria y el Bachiller en mi país. Cuando se produjo en triunfo de la Revolución tenía 20 años y nos unimos al Ejército Popular de Alfabetización (llamado EPA). Acudíamos a las zonas rurales y al campesinado, zonas en las que ni siquiera llegaba la luz eléctrica. Estuve unos días en el campo y después en una empresa enseñando a obreros, que no sabían leer ni escribir.
Después de aquello, a muchos jóvenes nos concedieron becas para estudiar en la Unión Soviética.

¿Y entonces tú te marchaste?
En 1983 me fui a Kiev (Ucrania) y estuve estudiando el idioma un año. Después me trasladaron a Leningrado donde pasé 4 años realizando un grado de Técnico Superior en Electricidad y tras esto, volví un año a Nicaragua. Después de estar en mi país, volvieron a darme otra beca y me marché a la Universidad de Kiev a realizar la carrera de Ingeniería (6 años).

¿Así que pasaste todos esos años lejos de tu país y de tu familia?
La embajada de Nicaragua en Moscú me mandó un billete para regresar pero no quise volver y me quedé trabajando como ingeniero en una empresa ucraniana. Pasé 5 años en la empresa, hasta 1999. Pero nuestra situación económica no era la mejor, apenas nos pagaban y la empresa se iba a pique. Así que entonces decidí viajar a España.

¿Cómo fueron tus primeros días en nuestra comunidad?
Al llegar estuve una temporada colaborando con la Cruz Roja. Yo les servía de traductor con los inmigrantes que iban llegando, y también colaboraba con la policía cuando me llamaban para hacer de intérprete.
En aquel momento me identificaba mucho con esas personas que llegaban hasta aquí sin nada, me parecía gente muy valiente y con mucho coraje. La vida del inmigrante me parece el sufrimiento más grande que puede padecer el ser humano en su vida. Dejan atrás su casa, su familia y a la madre patria.
Yo tuve buena suerte y a través de la Cruz Roja pude traer a mis hijas y a mi mujer que había dejado en Ucrania (las niñas tenían entonces 6 años y medio y 14). Estuvimos al principio viviendo en Isaba, donde un buen amigo me ayudó muchísimo. Las niñas estudiaban en Roncal. Al poco tiempo nos trasladamos a Cizur Mayor y ya por fin, a Berriozar, en 2005.

¿Y desde entonces no has vuelto a tu país?
No. Llevo sin ir desde el año 2000. Por un lado pienso en la vida que podría haber tenido allí y quizás hubiera podido trabajar de lo que estudié. Ahora aquí estoy sin trabajo. También echo de menos a mi padre y mis hermanos. Pero por otro lado, no tengo remordimiento porque mis hijas se han formado aquí y van a tener una buena vida.

Eres el Presidente de la Asociación de Nicaragüenses en Navarra, ¿cómo surgió aquello?
En 2007 empezaron a llegar más nicaragüenses a Pamplona y a Navarra, así que empezamos a pensar en formar una organización para orientarles, donde ellos pudieran apoyarse unos a otros, compartir sus experiencias y juntarse de vez en cuando. Hubo gente que nos ayudó y así se formó la Asociación, llamada ASNINA.
Celebramos el Día de las Madres Nicaragüenses, el 30 de mayo; la Independencia de Nicaragua, el 14 de setiembre o la Inmaculada, patrona de nuestro país, el 8 de diciembre.
También se fundó el Banco de Alimentos, para lo cual el Ayuntamiento nos cedió una bajera desde la que podemos
repartir los alimentos, no solo a compatriotas sino al que lo necesita (presentando la documentación que lo acredita).

TEXTO: PAULA GREÑO • FOTOS: IÑAKI VERGARA


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