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El manejo de la información en el confinamiento

27 Abr , 2020  

Fake news

En pleno siglo XXI, vivimos en una época que muchos definen como la era de la información, en la que Internet y las redes sociales se han hecho un hueco muy importante en nuestras vidas. La información ya no es propiedad de unos pocos medios, sino que brota y fluye por caminos hasta ahora desconocidos y ni siquiera imaginados. Esta gran cantidad de información nos permite conocer casi al momento lo que ocurre en cualquier lugar del mundo y recibir todo tipo de mensajes y documentos que cualquiera desee transmitirnos. Pero tiene un inconveniente: cada vez es más difícil tener “filtros” que separen la buena información de los bulos y las falsas noticias.

En esta crisis del coronavirus estamos asistiendo a fenómenos poco agradables en este sentido. Por un lado, existen fuentes malintencionadas que directamente se inventan noticias o que aportan datos falsos. Noticias que aprovechan la buena disposición y la ingenuidad de la gente para “colar” lo que les interesa. A veces con intenciones políticas, otras desestabilizadoras o a veces simplemente con el objetivo de convertirse en virales para adquirir protagonismo. Se trata de las ya tristemente famosas “fake news”.

Otro hecho, quizás unido a lo anterior, es el alarmismo con el que se están tratando ciertos datos o informaciones, a veces impulsados por profesionales u otras personas que, incapaces de serenarse ante lo que están viviendo, tienden a generalizar o a magnificar los hechos, lanzando mensajes catastrofistas. El envío indiscriminado de documentos o vídeos con contenido alarmista o incluso “apocalíptico”, especialmente el que se está dando a través de las redes sociales, no ayuda a que las personas perciban la situación en su dimensión real. Las personas tenemos una tendencia a percibir la realidad sesgándola, mediante lo que llamamos distorsiones cognitivas. Cuando esto ocurre, tendemos a generalizar una situación, hacer de una parte un todo o a tener una visión catastrofista de un problema. Y sabemos que todo alarmismo es poco recomendable, no ayuda en absoluto.

Por ello, lo realmente importante es que quien tiene que informar lo haga de manera objetiva. Obviamente, no se puede ni se debe trivializar la situación que estamos viviendo, pero en el otro extremo, tampoco se puede alarmar más allá de lo que esta requiere. En este sentido, como personas con sentido crítico que somos, es fundamental que busquemos siempre las mejores fuentes de información, y debemos huir especialmente de los testimonios personales que corren por las redes. Como se ha señalado, en algunos casos se trata simplemente de información falsa o “fake news”, y en otros, de testimonios en los que la carga emocional de las vivencias personales dificulta hacer un análisis objetivo de la situación.

Texto: Alfonso Arteaga Olleta. Doctor en Psicología. Universidad Pública de Navarra.


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