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El suicidio y sus mitos

24 Ene , 2020  

LAS CAUSAS. NUNCA ES UNA SOLA

El suicidio tiene muchas causas. Es otro de los mitos que hay que superar: nunca hay una sola. Según el doctor Pedro Villanueva Irure, “el factor más presente es el sentimiento de fracaso. Le siguen la soledad, una desconexión con el entorno, el sentirse atrapado y en un pozo sin salida, la desesperanza, la impotencia o la falta de sentido por vivir. Todos estos factores están más presentes en las personas  con ideación suicida que la depresión, la esquizofrenia, los brotes psicóticos o el trastorno bipolar.”

Desde otra perspectiva, se levantan voces que tratan la causalidad desde un punto de vista social, económico y cultural, que choca con la interpretación de ciertos entornos médicos que achacan a una enfermedad mental el 90% de los intentos de suicidios o suicidios. Es cuando se valoran como causas la pérdida del empleo o de la vivienda, que ponen a las personas en situaciones límite. Una sociedad altamente competitiva que traspasa al individuo las causas de los fracasos y que le provoca sentimientos de desesperanza, de injusticia, de pérdida de dignidad personal, de culpa y de sufrimiento mental. La causa nunca es una sola, sino más bien un conjunto de ellas.

Se trata de un problema social, no individual, por lo tanto, es responsabilidad de todos. Por ello, es muy importante la prevención y la detección por parte de los profesionales que se encuentran más cercanos a las y los ciudadanos, como es el caso de las personas profesionales de atención primaria.

HABLAR DEL SUICIDIO LO PREVIENE

Los intentos de suicidio no son una llamada de atención egoísta y manipuladora. Son las manifestaciones de un sufrimiento extremo de alguien que, emocionalmente, está muy mal.

En esto sí están de acuerdo los expertos. Es un tema tabú en esta sociedad y está rodeado de mitos, como que solo afecta a las personas con un diagnóstico de enfermedad mental, o que es hereditario, o que quien se va a intentar suicidar no avisa, o que quien habla del suicidio no lo lleva a cabo.

Hablar del suicidio puede salvar vidas. Quien está sufriendo tiene que tener la sensación de que puede ser escuchado, de que puede pedir ayuda: a su entorno más cercano, al médico de familia, llamando al Teléfono de la Esperanza…

¿Cómo puede enfocar una persona que no es un profesional un asunto tan delicado ante alguien que dice cosas que pueden hacer pensar que está pensando en suicidarse? Ante una sensación tan angustiante, enjuiciar y minusvalorar las expresiones de sufrimiento de la persona querida es un mal comienzo y un gran error. Los expertos hablan de hacer preguntas directas con delicadeza y respeto: ¿a veces te dan ganas de darte por vencido?, ¿piensas en la muerte?, ¿has pensado en cómo o cuándo lo harías? La persona que quiere dejar de sufrir necesita sentir que no está sola. Hay bastantes probabilidades de que responda con sinceridad. Discutir sus respuestas o minimizar sus ideas ahonda el dolor. Si un ser querido le hace ver que el sufrimiento puede remitir o incluso puede acabar y que va a llegar un momento en el que va a disfrutar de la vida, una parte importante del camino está hecho. A pesar de todo esto, si nos encontramos con una persona muy introvertida, puede que tienda a ocultarlo. Es en estos casos en los que más atentos hay que estar a los cambios de conducta, a las señales que se pueden advertir sin ser un especialista: aislamiento, consumos de alcohol y otras sustancias, conducción y prácticas sexuales temerarias, regalar objetos personales queridos, cambios en alimentación y en los horarios de sueño…

Por otro lado, se da un fenómeno que también puede servir para ayudar a detectar un intento de suicidio. Tras una temporada de síntomas depresivos, la persona que sufre proyecta una sensación de felicidad repentina. Se debe al alivio que siente al haber decidido acabar con su vida, como si hubiese dejado atrás el martirio intolerable. Esto despista muchísimo a quienes le quieren porque le ven más activo y menos angustiado, y les puede hacer bajar la guardia en un momento de máximo riesgo, cuando en realidad es una oportunidad para reconocer el inminente intento de suicidio.

PREVENCIÓN

El suicidio es un grave problema de salud pública que se puede prevenir, aunque los resultados de los planes sean difíciles de cuantificar.

A nivel estatal, asociaciones de supervivientes del suicidio y de personas y familiares con problemas de sufrimiento mental exigen un plan nacional de prevención del suicidio que aporte fondos, que forme a los profesionales, que mejore la atención en atención primaria y salud mental para una mejor detección y prevención, que se hagan campañas contra el estigma asociado al suicidio, que el Instituto Nacional de Estadística mejore sus estadísticas y otras medidas encaminadas a prevenir, detectar, tratar y continuar con los cuidados.

Ante un tema tan complejo como la prevención del suicidio, los expertos coinciden en que el abordaje debe ser tratado desde varios sectores o instituciones: sanidad, educación, empleo, bienestar social, justicia y emergencias. En Navarra existe desde 2014 un protocolo de actuación interinstitucional de prevención y actuación de conductas suicidas. Sería interesante saber si los profesionales involucrados tienen la sensación de estar suficientemente formados para tratar con éxito los casos que se encuentran.

TELÉFONO DE LA ESPERANZA: 948 243 040

Es una organización sin ánimo de lucro que se fundó en Sevilla en 1971 y que está presente en 29 provincias. Su local en Pamplona está en el barrio de la Rochapea, en la calle San Blas, 13.

Entre las llamadas que reciben, la ideación suicida está presente de forma significativa. En Navarra, setenta orientadores formados analizan y evalúan el riesgo y actúan en consecuencia. La afectividad negativa y la ideación suicida de los llamantes se reducen en  el transcurso de la llamada.

LA ASOCIACIÓN BESARKADA-ABRAZO: 622 207 743

Ofrece un apoyo a todas las personas afectadas por el suicidio de un ser amado. Tiene tres objetivos de intervención: acogen, compartiendo sus vivencias y brindando apoyo; prevención desde una vertiente social, rescatando la voz y la dignidad de los que ya no están y sensibilizando y educando a la sociedad; y colaborando, promoviendo y participando en proyectos para profundizar en esta realidad.

EL PAPEL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Es innegable la influencia que los medios de comunicación pueden tener en las actitudes, creencias y comportamientos de los miembros de la sociedad. Por ello, tienen que asumir la responsabilidad que tienen en la prevención del suicidio. Hace años, la recomendación que se daba en las facultades de periodismo era que se omitiera su tratamiento, argumentando el efecto contagio. Por el contrario, un tratamiento de la noticia riguroso puede ayudar a prevenir. No inspirar compasión, no sugerir que el suicidio era una salida eficaz, evitar el morbo, no dar detalles de los métodos, no simplificar arguyendo que se debía a una sola causa, mencionar el impacto en los seres queridos, no glorificar a las víctimas como mártires. Queda claro que los medios no informan sobre la mayoría de los suicidios pero sí sobre los que sobresalen por la identidad del suicida, el método o el lugar ¿Interés periodístico? Por otro lado, habría que valorar el derecho de los familiares a la privacidad. Sí, ha quedado demostrado que hablar sobre el suicidio puede salvar vidas, y es posible hacerlo de forma responsable, respetuosa y adecuada ¿por qué se obvia la causa de la muerte cuando es por suicidio?

En este sentido, es muy importante que los medios de comunicación no creen alarmismo social ni sensacionalismo y tratar este asunto, responsabilidad de todos, con todo el respeto y la delicadeza que merece.

Texto: Sergio Saldaña Soto • Fotos: Iñaki Vergara Pérez


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