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“Para ir a colaborar con Zaporeak solo hace falta tener dos manos y muchas ganas”

16 Nov , 2020  

Muchas personas de Berriozar conocerán a Mikel Aranguren por ser el monitor de Spinning en el polideportivo. Sin embargo, recientemente aparcó la bici para ir a la isla griega de Lesbos, a colaborar con la ONG Zaporeak, durante todo el mes de septiembre. Una experiencia que, sin duda, repetiría y en la que ha trabajado mano a mano con personas refugiadas.

Mikel, ¿qué te llevó a ir a Lesbos?

Me llevó que me gusta hacer cosicas así. Anteriormente, había estado en otros proyectos con diferentes ONGs. Andaba buscando algún proyecto y el de Zaporeak me pareció muy bonito.

¿Qué encontraste al llegar a Lesbos?

Ha sido un mes muy complicado, por el tema del Covid, el incendio del campamento de Moria… Llegamos y estuvimos cuatro días confinados para prevenir contagios. Zaporeak es una ONG gastronómica que en nuestra llegada repartía diariamente unas 2.000 raciones de comida para las personas más desfavorecidas del campo de personas refugiadas de Moria. Nos acogieron en una casa para todas las personas voluntarias que vamos de aquí y los que están allá, que excepto la coordinadora del proyecto en Lesbos y un chico periodista, el resto son personas refugiadas. Es enriquecedor compartir el día a día con estas personas. En mi caso yo no tenía intención de subir al campamento, teniendo en cuenta que la casa en la que vivíamos está a unos 8 km del campo y la cocina en la que hacía la comida a otros ocho. Creo que eso es como subir a ver la casa de alguien e invadir su espacio, el lugar donde viven ellos. Eso a mí no me gusta. En el caso de Zaporeak, únicamente se subía al campamento una vez al día para hacer el reparto de comida, que la suben la coordinadora junto a otras dos personas voluntarias.

Al final, debido al incendio, tocó subir y ver el campamento (o lo que quedaba) quemado, tuvimos que subir a dar agua, a repartir comida, etc. Ver todo completamente calcinado, gente divagando por ahí, yendo a recoger las pocas cosas que podían rescatar del campamento quemado, familias enteras sin nada… Son imágenes muy brutales.

Antes del incendio, ¿pudiste vivir algún día dentro de lo que cabe de “normalidad”?

Sí, tuvimos cuatro días “normales”. Nos levantábamos a las 8 ó 8:30 de la mañana, desayunábamos, y a las 10 salían tres coches, recogíamos a cinco personas voluntarias que siendo refugiados, vivían fuera de Moria, en Mytilini, e íbamos a la cocina que estaba a 15 km de la casa. Cada día se preparaba una ración diferente. En el día a día, se preparan unas 2.000 raciones, de mínimo 450 gramos cada una: podía ser arroz, lentejas, garbanzos, pollo, arroz con lentejas, arroz con pollo, pasta, etc. Todos los días picábamos unos 40 o 50 kilos cebolla, y unos 10 de pimiento verde, calabacín y zanahoria. Preparábamos todo para los dos cocineros, que eran los que preparaban toda la comida en cazuelas inmensas. Estos dos chicos son también refugiados.

¿Cómo sucedió el incendio?

A nosotros nos avisaron a la noche que estaba quemándose Moria. En un principio había diferentes opiniones: unos decían que habían sido los propios refugiados los que habían quemado el campamento por estar cansados de la situación que están viviendo; otros que había sido una especie de ataque. Realmente no se va a saber a ciencia cierta. La primera noche se quemó el 30% del campo; el segundo día se quemó en su totalidad.

¿Cómo estaba el ambiente días antes del incendio?

Moria es el peor campo de refugiados de Grecia, eso era peor que un campo de concentración.  Cuando llegamos a Lesbos ya se notaba mucha tensión. Las personas refugiadas venían de estar 160 días encerradas por el tema del Covid. Estando nosotros allí se dio el primer positivo de Covid en el campamento. Al darse el primer caso, lejos de intentar ayudar, el gobierno griego trasladó a 250 policías de Atenas a Lesbos. Esto hizo que el ambiente se caldeara más. Enseguida se pasó a 250 infectados. Y todo empieza porque la policía fue a sacar a un menor del campamento para aislarlo, quitándoselo a la familia. Ellos estaban cansados de no poder salir y enfadados por las condiciones tan malas en las que estaban viviendo durante los más de 160 días sin poder salir del campo (ya estaban bastante aislados) al ir la policía a llevarse al chico infectado por la fuerza, empezó una reyerta, después de la cual, se dio el primer incendio. Seguido se incendió el campo en cinco puntos a la vez. ¿Fueron las propias personas refugiadas cansadas del infierno que se vivía en Moria, o fue un ataque? Yo cuento lo que pasó, pero no, me voy a mojar.

Supongo que eso alteró vuestro día a día.

Sí, a partir de ese día, se pusieron en contacto con otras ONGs que trabajaban allá, y nos pusimos a cocinar a saco con ayuda de otra gente. Hicimos 5.000 raciones al día durante 3 ó 4 días. Entrábamos a las 8 de la mañana a la cocina y estábamos todo el día.

A partir del incendio, ¿qué pasó con los refugiados?

Estuvieron 5 ó 6 días sin absolutamente nada, en la carretera, parkings, o en el monte tiarados/as. Moria estaba en un alto,  tenía dos carreteras de acceso y la policía y los militares les cerraron ambas salidas para que no pudieran llegar a Mytilini (la ciudad de Lesbos). Aunque repartimos comida durante 3 o 4 días, el último día tuvimos que tirar un montón de comida porque la propia policía no nos dejó pasar a hacer el reparto. Se quedaron 1.000 raciones sin repartir, no por no querer, sino por no poder. Fue una de las maneras de presionar a todas estas personas para que entraran al nuevo campo que construyeron en una zona militar. Y esto te crea muchísima impotencia. Tirar comida hecha y preparada, sabiendo que se han quedado muchas bocas sin alimentar. Además, durante ese periodo la temperatura no bajó de los 24 grados.  Imaginaros 6 días sin comer, sin beber, sin nada para limpiarte, haciendo sus necesidades en una cuneta o en el monte, y hablamos de 14.000 personas, que no es poco.

¿Qué fue lo que más te llamó la atención al llegar allá? 

Que permitamos que haya tantísima gente en esas condiciones tan penosas. Salen de sus países huyendo de persecuciones, guerras, lo que sea, buscando un futuro mejor del que van a poder tener, gastando sus ahorros y jugándose la vida en el mar para que al llegar a Europa, se les grite, se les trate peor que a animales y se les encierre en un campo de concentración. Son personas que no han cometido ningún delito y que se merecen todo nuestro respeto por el simple hecho de atreverse a dejarlo todo y jugarse la vida.

Igual deberíamos pensar que vienen a ayudarnos a nosotros, ya que dentro de esas 14.000 personas que estaban en Moria, créeme que hay muchas personas muy formadas y con muchísimas ganas de dar lo mejor de ellos/as en cualquier lado

Tienen la falta de todo, menos de ganas. Se les ve gente con ganas. Subíamos para hacer el reparto, y todo el mundo colaboraba.

zaporeak¿Qué debe tener alguien para ir a colaborar con Zaporeak?

Dos manos y ganas. Cuando fuimos estábamos unas 13 personas, ahora se han quedado unos 9. El equipo está compuesto por Malen, la coordinadora que es una máquina; Iñaki, un periodista donostiarra, que trabaja sin descanso para informar de todo; un chico refugiado que ayuda en la coordinación de la cocina y otras 7 personas, también refugiadas, que ayudan en todo lo que haga falta. Dentro de estas 7 personas, están los dos cocineros. Nosotros, cuando vamos, somos meros pinches. De normal, hay relevos mensualmente, pero ahora por el tema de la pandemia, es más complicado.

¿Y qué podemos hacer desde aquí? 

Al volver te das cuenta de que hay demasiado por hacer, tanto que se escapa de nuestro alcance. Son otros estamentos los que se tienen que poner las pilas para evitar que el mundo sea tan injusto. Absolutamente nadie se merece lo que se vive allí.

Nosotros lo único que podemos hacer es intentar sensibilizar y concienciar a las personas de nuestro alrededor y visibilizar y denunciar la injusticia que estas personas están viviendo en lugares como Moria.

También podemos ponernos en contacto con Zaporeak para ayudar de cualquier manera. Ahora mismo Iñigo, un camionero bizkaino, está llevando de manera voluntaria su trailer con 23.000 kg de comida que se recogió en esa gran recogida de comida que se hizo a nivel de toda Euskal Herria.

Podemos ofrecernos para ir a echar una mano como personas voluntarias o decir que queremos ayudar desde aquí en la delegación que Zaporeak tiene en Navarra.

Cuando he vuelto aquí, me quedo con la sensación de que cambiar aquello está fuera de nuestro alcance, las personas que vamos a echar una mano allí, lo único que podemos hacer a la vuelta es tratar desde aquí de sensibilizar, concienciar, y visivilizar lo que ocurre allí. Tener super claro que las personas que vienen de fuera no son delincuentes. Moria es lo más parecido a un campo de concentración. Tengo una anécdota de hablar con un chico que me contaba que huyó con 16 años porque en su país había guerra y muchas metralletas en la calle y se me saltaban las lágrimas de pensar por qué a él le ha tocado vivir esto y a mí no. Siendo tan iguales, por qué somos tan diferentes. Tú ves aquí a algún inmigrante, y no te planteas todo por lo que ha pasado antes de llegar aquí. Y el trato que tienen allá es inhumano, vejatorio.

También se puede hacer aportaciones económicas a la cuenta de Zaporeak:
  • KUTXABANK: ES32 2095 5011 80 9115250322
  • LABORAL KUTXA: ES71 30350103 88 1030035880
  • BIZUM: EN DONACIONES BUSCAR: ZAPOREAK 00435

Ahora mismo ¿cómo está la situación en Moria?

Ahora están en el campamento unas 7.500 personas. Durante los cinco días posteriores al incendio no había campos, no había nada, y no tenían nada de higiene. El campamento son tiendas de campaña; ahora ha empezado a llover y se les está inundando constantemente. Las tiendas están montadas en un antigüo campo de tiro militar en la costa, un sitio en el que les da muchísimo el aire del norte y hay muchas tormentas. Están en tiendas de campaña, que ya se les han inundado con las primeras tormentas que ha habido, y eso que no ha empezado el invierno todavía. Si antes estaban mal, ahora están bastante peor. Por eso, cuando estaban en la calle, no querían entrar, pero claro, la falta de comida, de agua y además las amenazas de que les iban a paralizar sus procesos de asilo. Entonces no les queda otra.

Es muy salvaje, que dentro del campo, les llegaron a marcar el brazo con un número para decirles dónde tenían que recoger la comida que les dan allí.

En un principio se dijo que se iba a crear un campo del que no iban a poder salir. La realidad es que cuando han creado el campo sí que podían salir y entrar, pero tienen un toque de queda. Eso sí, el último domingo que estuve yo allá, les cerraron el campo por el hecho de ser domingo. Durante aquellos días, de Europa dijeron que acogerían a 500 menas, y eso es una lavada de cara impresionante. No dicen que han empezado a trasladar personas a Atenas y que se quedan en una situación terrible, tienen que volver a entrar en campos de Atenas, ya que no tienen dónde ir, no reciben ayudas y muchas personas están en la calle.

¿Volverías a Lesbos? ¿Tienes plan de volver a algún sitio así?

Sí, sí, sin ninguna duda. Ahora mismo quiero seguir colaborando con Zaporeak. El otro día se hizo una recogida de alimentos y llevamos un camión de comida de Pamplona a Donostia.

Texto: Itziar Bueno Pérez · Foto: Iñaki Pérez Vergara


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