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Plaza del pueblo viejo | Alde zaharreko enparantza

3 Jun , 2016  

En esta última entrega de nuestra revista, previo a las vacaciones estivales, cerramos la sección “Rincones de Berriozar” narrando los orígenes y evolución de una de las plazas más antiguas y bonitas de nuestro pueblo; Alde zaharreko enparantza o Plaza del pueblo viejo.

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San Esteban 2007 (Iñaki Vergara)

Situada en la falda del monte, en el centro del pueblo viejo, sobre el lavadero y colindante a la iglesia, encontramos la que probablemente sea la plaza más pequeña de Berriozar. Un sencillo rincón enlosado de perímetro amurallado en piedra, tan acogedor y apacible como las vistas de toda la zona nueva de Berriozar que es posible admirar descansando sentado en uno de sus bancos. A la sombra de los plataneros o en el amplio espacio central entre frontón, portería, canasta y parque infantil es un lugar idóneo para el descanso y disfrute tanto de los mayores como de los más pequeños.
Sin embargo, no siempre ha sido lugar de encuentro, diversión y relax de los vecinos y las vecinas del pueblo. De hecho, hasta hace pocas décadas, se trataba más bien de un lugar abandonado, una era en desnivel de tierra, sin escaleras ni murralla al que nadie le prestaba especial atención.
Antigua era
A mediados del siglo pasado se trataba de una era para trillar el trigo de los inmensos campos que cubrían lo que actualmente es la parte nueva de Berriozar. En esta labor se afanaban tanto la familia Goldaracena como más tarde la familia Labiorena. No obstante, no fueron ni una ni la otra familia las dueñas del terreno.
De hecho, dado que durante los siglos en los que los respectivos Marqueses de Ezpeleta habían vivido en el palacio del pueblo echaban sus juntos para la procesión del día del Corpus en dicha era, se había tomado por cierto que el terreno era propiedad del “Marqués de las Holmazas” como también era conocido.
Por ello, cuando se dejó de trillar en ella, la era quedó abandonada. Ante tal circunstancia y con el objetivo de mejorar el terreno para darle un uso público, desde el Concejo comenzaron a llevarse a cabo los trámites para realizar una plaza. Fue entonces, a finales de la década de los 70, cuando se descubrió que realmente el terreno no pertenecía al Marqués.
En ese momento se abrió una pequeña etapa de incertidumbre al no saber a quién pertenecía. Incluso hubo un intento de la Iglesia por adjudicarse la propiedad dado que, en el marco de unas obras de canalización de agua se excavó una zanja en la parte de la era más próxima a la iglesia y se hayó un cadáver. Ante ello la Iglesia alegó que el terreno se trataba de un cementerio y que por lo tanto había que cedérselo. Finalmente el Concejo no llegó a tal conclusión y se estableció como terreno comunal.
Es curiosa la anéctoda del cadáver, puesto que no ha sido el único que ha surguido en las inmediaciones. De hecho, Jose Mari Lekunberri, una de las personas que más años lleva viviendo en el pueblo, nos relata cómo un día presenció, cuando era joven en plena época de Guerra Civil, llegar un camión al pueblo y descargar una veintena de ataudes en la era que aquí describimos, dispuestos para trasladarlos en mula hasta el cementerio y enterrarlos de punta en una fosa común. Sin duda una muestra más de la sombras que se ocultan en la historia de nuestro pueblo.
La plaza

Nevada febrero 2009  (Iñaki Vergara)

Nevada febrero 2009

Una vez declarado el espacio como terreno comunal comenzaron a darse las obras para la modificación y mejora del lugar. A mediados de la década de los 80 se terminó la primera versión del parque. El suelo todavía seguía siendo de tierra, sin embargo, se levantó la pared que hasta entonces había estado derruída en el lateral derecho, se establecieron los límites de piedra y se plantaron los plataneros en los que hoy en día todavía nos cobijamos del sol en verano. De esta manera, se delimitó y erigió la estructura de plaza que hoy en día posee.
Una década más tarde, a finales de 1997, ante la problemática del suelo de tierra se optó por colocar baldosas y, de paso como en tantas otras plazas de Berriozar, se ubicó el primer parque de madera junto a las escaleras, en forma de castillo, para que los niños y las niñas pudiesen divertirse en él.
Finalmente, en el año 2012, se hizo la última remodelación de la plaza hasta la fecha. En ésta, se cambió el parque infantil de lugar, se construyó el pequeño frontón y se colocaron la portería, la canasta de baloncesto y la fuente. Con este cambio, no solamente consiguieron que la plaza fuese un entorno más diáfano, siendo que también lograron mayor pluralidad de actividades; un pequeño gran parque donde los pequeños puedan dar rienda suelta a su inagotale energía e imaginación.
Lógicamente, albergando un lugar como éste, la celebraciones y demás tradiciones que año a año se han desarrollado en el pueblo, mayormente hasta la creación del parque en la que se conocía como “La era de Matxin”, fueron trasladándose a nuestra plaza.

Carnaval 2016 (Iñaki Vergara)

Carnaval 2016

De esta manera, desde hace unas décadas a esta parte se ha convertido en suceso habitual ver bailar a los mayordomos, tanto en fiestas como el 26 de diciembre, en la plaza del pueblo viejo. Asimismo, las hogueras dejaron de celebrarse en “La era del cura” para trasladarse aquí o en San Isidro se convierte en el lugar idóneo para bendecir los campos previo a la procesión a lo largo del pueblo.
En definitiva, esta plaza se ha instaurado como lugar de referencia para los festejos, algo que no es de extrañar puesto que, sin duda, no puede haber mejor marco que éste para las celebraciones de tradiciones tan antiguas y veneradas como lo es Berriozar.
Por último agradecer a Jesús Mari Lekunberri su tiempo y la valiosa información compartida.

TEXTO: EGOITZ SÁNCHEZ


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