Berriozar,Cultura

POR MI Y POR TODOS MIS COMPAÑEROS

29 Abr , 2020  

El juego de toda la vida que nunca debe desaparecer

Hubo un tiempo en el que todos los niños y niñas de la Tierra se unieron en un hermoso juego, el clásico por excelencia que ha perdurado durante siglos y siglos. Su perfección radica en su simpleza, no es necesaria ninguna parafernalia, solo lugares donde esconderse, sus propias casas. El juego es simple, el que se la para, que se distingue por llevar puesta una corona, se tapa los ojos mientras cuenta números despacio o deprisa, según le apetezca. Mientras tanto los demás se esconden. Una vez conocidas las reglas comenzaron a jugar.

Pusieron mucho empeño en ocultarse y pasaron días y días, las aulas comenzaron a quedar vacías, las calles desiertas, los parques en silencio porque todos se unieron en una misión común, lograr que el que lleva la corona se canse de contar y de buscar y así desaparezca para siempre. Guido, Giosué, Viktor o Frank eran nombres de alguno de estos chicos que mantenían fuerte su esperanza y cada día se levantaban con el ánimo de no ser descubiertos .

– Pero… ¿cómo vamos a hacer para que no nos encuentre?- preguntaba uno de los más chiquitines.

– Con voluntad se puede hacer todo – le respondió con seguridad su amigo Shopenhauver.

– Así es, quién tiene un porqué se puede enfrentar a todos los cómo – corroboró otro de ellos.

– Oye y ¿cuándo acaba el juego?- siguió preguntando el pequeño.

Si te quieres salvar tienes que acercarte al lugar donde ha contado el que lleva la corona y sin ser visto gritar: “¡Por mí!”. Pero, ¿sabes? Hay una regla de oro y, es que, si tienes la oportunidad, debes salvar a todos. Acércate a la pared y chilla bien fuerte: “Por mí y por todos mis compañeros”.

Y así lo hicieron, permanecieron bien camuflados hasta que el que la paraba se cansó y se alejó para siempre.

Esta es la historia, este es el juego en que una vez todos los niños del planeta se unieron con su imaginación y su voluntad y, sin saberlo, salvaron a la humanidad, dándoles el regalo de mostrar que la felicidad a veces está en nuestro modo de mirar la vida, de aceptar y enfrentar las adversidades y que, un sencillo juego pero experimentado desde el fondo del corazón, puede ser más trascendente que otro repleto de grandes lujos.

Para ti y para todos mis compañeros.

Texto: Marian Baos Ania (Momufela)


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