Berriozar,Cultura,Historia

Sorgiñe

5 Feb , 2016  

Una vez más, en esta sección de la revista Berriozar, descubrimos y revivimos diferentes épocas que nos precedieron a través de las historias que moran en nuestros parques; personajes pasivos colmados de transformaciones y vivencias, partícipes y narradores de la idiosincrasia de Berriozar.

En esta ocasión relatamos la historia del parque Sorgiñe, en la parte suroeste de la urbanización del Zortziko, paralelo a la avenida Gipuzkoa. Ubicación de las antiguas gallineras, fábrica de harina y venta que suministraban sustento básico a gran parte de la comarca y extranjero.

Donde ahora encontramos un espacio verde y tranquilo flanqueado por altos bloques de viviendas, hace más de un centenar de años se encontraban extensos campos de cultivo, propiedad de Victor Maquírriain, hasta que en 1869 un hombre de Leitza, Sebastián Taberna, tuvo la visión de apostar por esos terrenos. En ellos construyó la que fue la primera casa de la zona nueva de Berriozar, lejos del pueblo. En este edificio abrió una de las ventas que más relevancia lograría en la región. Conocida como “Venta de Zortziko” o “Pan Zortziko”, proveía de pan, vino, jabón o pienso entre otras cosas, haciendo las veces de los clásicos ultramarinos de la época. Incluso tenían servicio de reparto con un viejo camión que había que arrancar a manivela.
Aunque los terrenos y la venta eran propiedad de la familia Sebastián Taberna, fue la familia Jauregi, en concreto David Jauregi, quien asumió desde el comienzo la regencia de la venta, instalándose a vivir allí.
Años más tarde, en 1921, gracias a la prospera apuesta de la venta, Sebastián decidió levantar una fábrica de harina junto a la venta, harinera que pasaría a llamarse “Fábrica de Harina San Luis”.
La fábrica, al igual que la venta, rápidamente prosperó pasando a trabajar a pleno rendimiento. Tras un rutinario control en el “cuarto del molinero” de la calidad de los distintos tipos de harina, analizándola en pequeños frasquitos de cristal, la empaquetaban en sacos de 50, 80 y 100 kg para después poder sorgina-raul-lazkanodistribuirla en Gipuzkoa, Madrid o el extranjero. Para ello contaban con la ayuda de unos quince trabajadores y trabajadores de Berriozar y la zona, los cuales trabajaban en tres turnos distintos para mantener siempre activa la harinera. Ziauriz fue el primer molinero, sucedido años más tarde por Kiterio Armendariz.
Ambos proyectos funcionaron bien, por lo que años más tarde la familia Taberna decidió hacer una nueva apuesta instalando gallineros en los espacios destinados a acumular harina dentro de la fábrica. Comenzaron con unas cuantas gallinas con las que comercial huevos para posteriormente agrandar los gallineros y construir unos nuevos junto a las tapias que delimitaban Berriozar con terrenos de Pamplona.
Durante este proceso, Sebastián Taberna delegó la regencia de la fábrica y los gallineros a su hijo Jose Luis Taberna.
Jose Luis compraba los polluelos recién nacidos en Uharte para después criarlos en incubadoras. Las gallinas eran alimentadas con el pienso que ellos mismos creaban y distribuían y los desechos eran utilizados por los vecinos para abonar los cultivos cercanos. Incluso contaban con una cinta transportadora, activada a través de una manivela, que además de transportar los huevos los clasificaba a través de un pesaje. Más tarde se empaquetaban los huevos en cajas de 30 docenas. Se dice que llegaron a tener hasta 5.000 gallinas en lo que hoy día es un apacible parque.
En 1954 la familia Armendariz, encabezados por Fidel Armendariz y Maria Josefa Miranda, comenzaron a trabajar en la fábrica y los gallineros. Junto con José Luis asumieron la carga del negocio hasta que en 1981 éste decidió delegar en Fidel la regencia de los gallineros y la venta de huevos.
Bajo la dirección de Armendariz, llegaron a tener hasta 3.000 gallinas. Pasaron de comerciar esencialmente con mayoristas para dedicarse más a los pequeños comercios y particulares.
sorgina-plaza-davidVargas-(1)El terreno, además de lugar de abastecimiento también adquiría diversas facetas; los niños jugaban durante largas horas al escondite en sus recovecos o utilizaban las rampas para los sacos de harina como tobogán. Algunos trabajadores y clientes acudían a una nave vacía en el interior de la estructura para jugar a pelota hasta que se cansaban y después subir al pueblo a jugar al mus. Incluso, Donato Larretxea y Jose Mari Mendizabal, ambos reconocidos aizkolaris, entrenaban de vez en cuando en el patio interior.
Fue en 1988 cuando la Junta del Concejo de Berriozar aprobó el Plan Parcial de Zortziko. En este plan de 85,5 millones de pesetas de presupuesto se preveía la construcción de 91 viviendas unifamiliares, así como el instituto, parques y zonas con fines sociales. Para ello se acordó el derribo de la harinera y las demás naves de los terrenos.
De esta manera, se puso fin a la andadura de estos negocios que tanto aportaron a Berriozar y a su historia. Tanto la venta como la fábrica convivieron y continuaron su actividad hasta que comenzaron a construir los primeros dúplex en 1991. Primero se derribaron los gallineros para después pasar a la fábrica y finalmente la venta.
En los terrenos, tal y como había diseñado José Luis Campo en sus planos sobre la urbanización de Berriozar, se erigieron los bloques de pisos que acompañan la avenida Gipuzkoa. Entre ellos y las bajeras de la parte norte quedó un terreno que más tarde se proyectaría para construir el parque que tenemos hoy en día.
sorgina-plaza-Vargas-(2)El parque Sorgiñe en un principio no tenía nombre hasta que, al rebautizar la antigua plaza Sorgiñe con el nombre de la plaza de Andalucia, lo adquirió. En él nunca ha habido columpios. Se decidió dejar un espacio diáfano, con la mayor variedad de plantas autóctonas de todos los parques de Berriozar, para poder pasear o relajarse. Al construirse las nuevas casas, se estableció que las fachadas de las bajeras fuesen revestidas con el mismo material para crear la homogeneidad necesaria. Años más tarde de su transformación en parque, desde el ayuntamiento se tomó la decisión de construir la fuente de piedra que hoy preside el parque. Para la construcción de la cascada el Ayuntamiento contrató a través del INEM a personas desempleadas de Berriozar.
Una vez más, volvemos a comprobar que los parques que regentamos están llenos de historias y de un pasado común que relata la evolución de nuestro pueblo así como de nosotros mismos como sus moradores.

TEXTO: EGOITZ SÁNCHEZ


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