Berriozar,Historia

“Los restos corresponden a varios anarquistas, a quienes mataron bajo una vaga acusación de haber intentado fugarse del penal”

26 Abr , 2022  

El pasado 9 de marzo comenzaron los trabajos de exhumación en el Cementerio de Berriozar. Gracias a este trabajo se han recuperado.

¿Cúal ha sido el proceso para llevar a cabo esta exhumación? 

Para llegar a exhumar una fosa siempre hay un importante trabajo previo de investigación y de tramitación de las autorizaciones correspondientes. En este caso contábamos con dos informes, uno aportado por la Asociación Txinparta-Red de Memoria Colectiva y otro elaborado por la investigadora Amaia Kowasch, basados tanto en la recogida de testimonios orales en Berriozar como en la investigación archivística. Ambos informes coincidían en que en noviembre de 1936 se habían inhumado en la esquina NE del cementerio de la localidad a 21 personas que habían sido ejecutadas en el penal de San Cristóbal. Con esta información recibida, el personal técnico de la Sociedad de Ciencias Aranzadi elaboró un Proyecto de Intervención Arqueológica. El Instituto Navarro de la Memoria recogió todos estos informes y los envió a la Sección de Patrimonio del Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra para que diera el visto bueno a la intervención. Paralelamente, el Instituto Navarro de la Memoria solicitó el permiso para intervenir a la propiedad de la finca en donde se localiza la fosa que en este caso era el Ayuntamiento de Berriozar.

Una vez conseguidos todos los permisos se señala la fecha para el inicio de la intervención y comienza con la prospección del terreno con medios mecánicos con los que se empiezan a abrir catas hasta que se encuentra la fosa. A partir de ese momento, se abandonan los medios mecánicos y el personal técnico de Aranzadi comienza con el trabajo de prospección y despeje con herramientas manuales. Una vez despejada la fosa, que en este caso eran dos, se procede a los trabajos de exhumación propiamente dichos. 

¿Cuántas personas habéis colaborado?

Para llegar a exhumar los restos colabora un número importante de personas empezando por quienes proporcionan la información, gente de Berriozar que había conocido la existencia de la fosa desde niños, las personas que realizan los informes previos que antes he citado, los tres miembros del Instituto Navarro de la Memoria y el personal técnico de Aranzadi especialistas en arqueología, antropología y voluntarios, hasta un total de 8 personas que son quienes llevaron a cabo las tareas de exhumación de los cuerpos. En total, participaron no menos de 20 personas.

Esta exhumación es parte del plan de exhumaciones del Gobierno de Navarra. ¿Se prevé algún trabajo más por esta zona?

Efectivamente, es parte del Plan de Exhumaciones que el Instituto Navarro de la Memoria ha elaborado para el año 2022. En el presente ejercicio está previsto intervenir en 23 lugares.

Entre esos 23 lugares, además de las ya exhumadas en Berriozar, paralelamente se exhumó otra en el exterior del cementerio de Antsoain, donde también se hallaron los restos de una persona procedente del penal de San Cristóbal. Está previsto también para el verano volver al término de Etxape, donde ya se intervino el año pasado sin resultados positivos, ya que las informaciones de que disponemos sitúan en este lugar la existencia de una o más fosas con personas que seguramente intentaban huir en el momento en que triunfó el golpe militar en julio de 1936 en Pamplona, pero que fueron apresadas y asesinadas cuando salían de la ciudad hacia el norte. Y no descartamos una futura intervención en el exterior del cementerio.

De los 23 presos encontrados, ¿qué información se tiene sobre ellos? ¿Se sabe de dónde eran?

Las características de las fosas en las que se dispusieron los ataúdes con los cuerpos unos encima de otros, hizo que el proceso de descubrimiento fuera laborioso y el número de cuerpos encontrados fuera creciendo conforme avanzaban los trabajos.  Dicho esto, hay que señalar que los enterramientos que se produjeron entre 1936 y 1942, cuando se construye el Cementerio de las Botellas y se deja de enterrar a los presos del penal en los cementerios de las localidades de la antigua Cendea de Antsoain, quedaron registrados tanto en el archivo diocesano como en el registro civil. En el caso de Berriozar, según esos registros, fueron enterradas 47 personas entre noviembre del 36 y marzo del 42. De todas ellas se conoce la identidad, su lugar de origen, y la causa y la fecha de la muerte. De estos 47, 21 fueron ejecutados y el resto murió por las enfermedades y como consecuencia de las duras condiciones a las que eran sometidos en el penal.

Los restos de munición encontrados y los traumatismos observados en una primera inspección in situ, hacen pensar que los restos encontrados en las dos fosas, una con 7 cuerpos y otra con 14, podrían corresponder a los 21 presos, varios de ellos anarquistas, a quienes mataron bajo una vaga acusación de haber intentado fugarse del penal. Sus restos fueron trasladados en un camión hasta Berriozar, una imagen que impactó a la población local, que guardó en la memoria la zona del cementerio en que fueron inhumados. Además, junto a estas dos fosas, se encontraron otros dos enterramientos individuales que según todos los indicios corresponden a dos de esos presos que murieron en el penal víctimas de enfermedades; las características de los ataúdes, similares a los encontrados en las exhumaciones de presos en los diferentes cementerios de la zona y la disposición de los cuerpos, indican que no son enterramientos cementeriales habituales.

Una vez hallados los cuerpos, ¿resulta muy complicado los pasos para conocer la identidad de los presos?

Se conoce la identidad de esos 21 presos que mataron el 1 de noviembre de 1936 sin ninguna duda. La dificultad estará a la hora de identificar cada uno de los cuerpos de manera individualizada. Para ello, los restos se llevan al laboratorio donde se analizan y se recogen muestras de ADN, estas muestras se cruzan con las recogidas a familiares de esas personas y con todas las muestras del Banco de ADN que el Instituto Navarro de la Memoria mantiene gracias al convenio con NASERTIC.

Concretamente, en el caso de estas 21 personas, se han recogido muestras a familiares de uno de ellos y próximamente se van a recoger a los de otros tres. En cualquier caso, será complicado poder recogerlas de familiares de los 21, pues son de muy diversas procedencias, ninguno de Navarra, y de varios de ellos se desconoce la existencia de posibles donantes idóneos (pues no cualquier familiar sirve para cotejar las muestras de ADN). 

Durante los trabajos de exhumación han estado varios centros escolares. ¿Cómo vivieron esa experiencia? ¿Cómo ves la percepción de las y los jóvenes en este tema?

El Instituto Navarro de la Memoria lleva desarrollando desde 2016 el programa Escuelas con Memoria, que pretende convertirse en punto de encuentro del mundo educativo con las políticas públicas de memoria, poniendo el acento en la educación de una ciudadanía democrática. En este sentido, entre las actividades más destacadas están las visitas de los centros escolares a las fosas en el momento de ser exhumadas.  Estas visitas permiten entrar en contacto con el drama de los desaparecidos, escuchar el testimonio de testigos, de familiares o de miembros de asociaciones de memoria histórica, así como la explicación científica del equipo técnico encargado de la exhumación. 

En este caso fueron escolares del IES Navarro Villoslada de Pamplona, del IESO Berriozar, de Askatasuna BHI de Burlada, de la Escuela de Educadoras de Pamplona y de la Escuela de Tiempo Libre de Berriozar, estos últimos acompañados por sus educadores, Xabi Gallo e Íñigo Subiza, que además son colaboradores de Aranzadi y estuvieron trabajando en la exhumación.

Para los escolares es una experiencia impactante y emocionante, pues entran en contacto directo con el drama de las personas desparecidas. Como decía Asier, uno de los alumnos que estuvieron presentes, “será una experiencia bastante difícil de olvidar. En este sentido, para mí fue un choque de realidad ver en primera persona el resultado que dejan las guerras”. Les impactaba también saber la edad de las víctimas, la mayoría entre 20 y 30 años e incluso uno de ellos solamente 18. Esta experiencia les hace “ponerse en la piel de las personas que tienen algún familiar desparecido o enterrado en alguna cuneta”. 

Si quieres añadir algo más…

Únicamente me queda agradecer al Ayuntamiento y al pueblo de Berriozar la colaboración prestada para poder encontrar estas fosas.

Texto: Itziar Perez Bueno · Fotografías: Iñaki Vergara Pérez


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