Berriozar,Solidaridad,Vecin@s

Millones de sirios huyen de un país que sigue en guerra después de diez años

24 Feb , 2021  

Algunos de ellos son acogidos en países europeos. En Berriozar reside una de estas familias desde 2018.

Khalil y Zeinab, de 18 y 14 años, residen con sus padres en una casa de Berriozar desde hace tres años. Son refugiados y los pequeños de una familia compuesta por 7 hermanos más que huyeron en 2013 de un pequeño pueblo situado en Daraa (ciudad situada en el suroeste de Siria) y nos han contado su dura historia. “Vivíamos en una aldea tranquila, y muy verde”, recuerdan. “Mi padre trabajaba mucho. No éramos ricos, pero tampoco pobres. Teníamos una casa grande y éramos felices antes de la guerra”. 

Ahmed y Soumaya son los padres de Khalil y Zeinab, no hablan castellano (sus hijos lo han podido aprender rápido) y sueñan con regresar algún día, “cuando todo esto termine y haya paz”. Con la mirada triste y la voz temblorosa, Soumaya nos cuenta que dos de sus hijos han tenido que quedarse en Siria y no pasa un día sin que se acuerde  de ellos. “A nuestra madre le resulta muy difícil estudiar el idioma porque no tiene otra cosa en la cabeza que nuestros hermanos, que no pudieron venir con nosotros”, afirma Khalil. “También es abuela de dos nietas a las que todavía no conoce”.

Hace ocho años que tuvisteis que dejar todo atrás y salir de Siria, ¿cómo pasasteis todo ese tiempo hasta terminar en Berriozar, donde lleváis tres años?

Tuvimos que salir por necesidad. Si no lo hubiéramos hecho, quizá hubiéramos muerto. La verdad es que pensábamos que pronto volveríamos. No cogimos ni maletas, solo algo de ropa, porque mi madre decía que en un mes todo se arreglaría. Pero la guerra en Siria continúa, y cada vez va a peor.

En el año 2013 viajamos en un autobús hasta Líbano y allí unos amigos de la familia nos dejaron vivir en su casa. Mi padre encontró trabajo como conductor de un camión de mudanzas.

Nosotros perdimos un año de estudios pero después pudimos retomar e ir a la escuela de Líbano, aunque no nos permitían juntarnos con los libaneses y los sirios asistíamos a clases por la tarde.

Y estando en Líbano os dan la noticia de que podéis trasladaros a Europa. ¿Qué sentís en ese momento?

Lo primero mucha alegría, pero a la vez miedo porque no sabes qué es lo que te va a pasar y cómo te vas a adaptar a la vida del nuevo país (cultura diferente, nuevo idioma…). Nos dio mucha pena tener que dejar a dos de nuestros hermanos que no podían viajar con nosotros (una hermana y un hermano). En Líbano al menos los teníamos cerca y podíamos ayudarles económicamente.

Gracias a que Unicef eligió nuestra carpeta (después de cinco años esperando) ahora estamos aquí y podemos tener un futuro.

¿Y os dieron la opción de elegir país o es el que propone Unicef?

A nosotros nos dieron la opción de ir a Dinamarca, Portugal, Holanda o España. Mi padre y mis hermanos querían España porque conocían los equipos de fútbol del Real Madrid y el Barça. Ahora aquí somos seguidores de Osasuna.

Llegasteis a Berriozar en 2018, ¿cómo os habéis adaptado?

Primero nos llevaron a un pueblo que se llama Endériz y allí estuvimos viviendo una pequeña temporada.

Desde Cruz Roja nos ayudaron a instalarnos en un piso de Berriozar (a mis padres y a nosotros dos, que éramos menores de edad). A nuestros otros hermanos les han acogido en Olave y otro vive aquí también en Berriozar, muy cerca de nosotros. Alguno de ellos ha podido encontrar trabajo y otros está buscando.

El idioma, la cultura, la comida… todo es muy diferente y está costando mucho, sobre todo a nuestros padres, que no hablan el idioma y mi padre por eso no puede trabajar.

Él tiene carné de conducir para camiones y vehículos grandes pero aquí no le sirve ese carné y tendría que sacarse otro.

Nosotros, gracias a dos voluntarias de Cruz Roja, Olga y Natalia, hemos aprendido a hablar vuestro idioma y también a escribirlo. El árabe es completamente diferente y nosotros estamos acostumbrados a escribir de derecha a izquierda.

Cruz Roja ayuda a los refugiados económicamente pero después de dos años se corta la ayuda y es el Gobierno de Navarra quien se encarga de mantenernos.

Hay meses que lo pasamos bastante mal, porque además les mandamos una cantidad a mis hermanos que están en Siria (en la ciudad de Damasco), ya que perdieron sus trabajos.

Vosotros estáis estudiando, ¿a qué os gustaría dedicaros en un futuro?

Khalil: yo estudio Formación Profesional de Química en Donapea. Me gustaría después poder ir a la Universidad y ser piloto de avión.

Zeinab: yo estudio en el instituto de Plaza de la Cruz y me gustaría ser dentista.

¿Podéis hablarnos de cómo era vuestra vida antes de la guerra? ¿Qué recuerdos tenéis?

Teníamos una vida normal, muy tranquila. Todos los hermanos (somos nueve) íbamos a la escuela y mi padre salía a trabajar. Era chófer de autobús y cubría la ruta de Siria a Arabia Saudí y al contrario. Al estallar la guerra tuvo que dejar el trabajo porque cerraron las fronteras y ya nadie viajaba. Por eso salimos a Líbano, para que él pudiese encontrar allí otro trabajo.

Erais pequeños cuando comenzó la guerra, ¿recordáis algo de aquellos días que os tocó vivir?

Hemos visto caer bombas cerca de nuestra casa y a gente muriendo. Teníamos que correr a un refugio bajo tierra. Así estuvimos mucho tiempo. El primer día que cayeron las bombas cerca, nosotros habíamos salido a comprar unos zumos y tuvimos que darnos la vuelta corriendo. El aire hace mucho ruido por la presión de las bombas y también el sonido cuando caen es tremendo, se pasa mucho miedo.

Nos acordamos de nuestra abuela, que murió en brazos de una de nuestras hermanas a causa de un hierro que le cayó encima tras la explosión de una bomba. Nuestra hermana tenía una relación muy especial con nuestra abuela y no ha podido recuperarse de aquello, aunque aquí le están cuidando muy bien y está mejor.

¿Creéis que todo pasará y volverá a haber paz? ¿Os gustaría regresar?

Quizás sí, pero igual dentro de cien años (comentan abatidos). Ahora mismo no podríamos volver, a nosotros nos gustaría quedarnos aquí, seguir con los estudios y tener un futuro mejor. Mis padres sí que desean regresar pero cuando todo haya acabado. Si hay paz, ¿por qué no? En nuestro pueblo vivían unas 300 familias y ahora apenas quedan 30.

Mis padres hablan con amigos que tienen en Siria y les cuentan que la situación está peor, han entrado muchos países (Rusia, Turquía, América, Israel, Arabia Saudí, Jordania, Irak, Irán…). A estos países no les importa la vida de los sirios, solo desean el poder.

Cuando veis en la televisión a los refugiados sirios huyendo, ¿qué pensáis?

Mi madre desearía que todos pudieran ser acogidos en Europa, como nosotros, aunque eso sería imposible, porque son millones. La gente que sale de allí lo hace por necesidad y para sobrevivir, no para poder viajar a otros países porque sí o para hacerse ricos.

Texto: Paula Greño Floristán


Comments are closed.