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REPORTAJE COVID “LO QUE DE VERDAD IMPORTA” EN RECUERDO A LOS QUE SE FUERON

24 Feb , 2021  

Triste despertó la primavera,

las flores palidecían temblando

y sin saber bien lo qué era nos terminaron confinando.

Con el calor llegó el verano,

oscuras maduraban las semillas

y en vez de recolectar el grano

nos sembraron de mascarillas.

Cuando perdían fuerza los brotes,

las nubes oscurecían el otoño

reverdeciendo nuevos rebrotes

que ya nos tienen hasta el moño.

Ahora vienen con las banderillas

sobre nuestros cansados cuerpos

(haber si no te lo pillas)

pues toma, ya tienes anticuerpos.

Entre oscuros nubarrones,

el año 2020 abandonamos

sin poder comer juntos los turrones,

que es lo que todos deseamos.

Muchos ánimos a todos

que este virus desaparecerá.

Choquemos nuestros codos y el sol de nuevo brillará.

José Gea
Cocinero del Centro San José

Con este poema, con este canto a la esperanza, hemos querido dar comienzo a este artículo en el que recogemos testimonios de primera mano de vecinos y vecinas de Berriozar que han estado frente a frente, por su labor profesional, con el Covid-19.

Lejos de ofrecer datos y dramatismo, que para eso ya estamos hiperinformados en los telediarios, lo que pretendemos es arrojar un poco de luz a esta oscuridad actual.

En todas las crisis de cualquier índole hay una parte de pérdida, tristeza y debilidad, pero también hay otra de descubrimiento, fortaleza y oportunidad.

Así nos lo cuentan nuestros protagonistas.

Edurne Zabalo Galarza
Enfermera del Centro San José  (centro residencial en el que conviven hasta 80 residentes con discapacidad intelectual).

Para mí, como enfermera, la experiencia ha sido brutal, he vivido momentos de lágrimas, emoción y también de muchas alegrías viendo el día a día de nuestros chicos y chicas.

La enfermedad entró por primera vez en septiembre del pasado año, fue un brote muy controlado pero que supuso muchos cambios en nuestra manera de

Trabajar, tanto a nivel organizativo como asistencial. En el ambiente se palpaban tensiones, había que adaptarse rápidamente y además varios compañeros se contagiaron, pero gracias al esfuerzo y al trabajo en equipo, pudimos salir adelante reforzando nuestras relaciones.

En vísperas de Navidad llegó un segundo brote, mucho más extendido que el primero, lo que supuso un duro golpe. Tuve que renunciar a días de vacaciones o ampliar mi jornada todo lo que hizo falta. Fueron días de mucho cansancio pero me iba con la satisfacción de haber dado todo lo que podía.

Las relaciones que establecemos en un centro residencial llegan a crear vínculos muy fuertes, así que para mí, mi día a día ha sido acudir a mi trabajo con mucha ilusión, cargada de sonrisas y caricias para repartir en cada una de mis atenciones. Además, he estado rodeada de compañeros estupendos y gracias a ellos todo ha resultado mucho más fácil, dirigida por un equipo médico estupendo con total dedicación. Cuando ha hecho falta hemos olvidado nuestras funciones y nos hemos apoyado en todo aquello que ha sido necesario.

Tuve que hacer un parón cuando en uno de los cribados di positivo. Fue el 29 de diciembre. Al recibir la noticia el mundo tembló bajo mis pies, me preocupaba la evolución de mi proceso, me dolió por mi familia y compañeros que salieron afectados, y por cómo quedaba el centro debido a las dificultades que hay para encontrar sustituciones. Los primeros días de encierro fueron duros, además en plenas fiestas navideñas, pero conforme pasaron los días le di la vuelta y dediqué tiempo a mi misma: leer, pensar, ver series, películas, hablar mucho por teléfono… Ese parón me vino genial para frenar un poco y volver con fuerzas renovadas.

Ahí seguimos luchando, cada día que pasa es un día ganado. Me encanta mi trabajo y aún con todas las dificultades del día a día no me faltan las ganas ni la ilusión de seguir adelante.

Están siendo meses difíciles, pero también de crecimiento personal, de disfrutar de las cosas del día a día y valorar lo realmente importante.

Irene Aldabe Moreno
Enfermera de la Sala de despertar del Hospital de Navarra.

En la primera oleada cesaron los quirófanos y nos convertimos en UCI limpia, con pacientes sin Covid, lo que supuso un aumento significativo del nivel de estrés y del cansancio físico y emocional . Lo bueno es que crecimos como equipo, todos teníamos ganas de hacer las cosas bien y con mucho interés de realizar una buena labor.

En mi casa todos lo hemos pasado y siento un enorme agradecimiento hacia mis vecinos, ya que estuvieron muy pendientes de nosotros por si necesitábamos algo.

Recuerdo que pasamos unos días preocupados por un matrimonio vecino nuestro que estuvieron ingresados por Covid. En su casa siempre se oían risas y canciones, sobre todo cuando venían sus nietas a verles, pero de repente todo cesó, se sentía un silencio total y aquella casa se notaba triste. Afortunadamente los dos se recuperaron favorablemente.

En mi casa somos muy conscientes de lo mal que se puede estar y de lo contentos que estamos por estar bien.

 

Ainhoa Zafra Elorza
Estudiante de 4º de Enfermería en la UPNA

En mi primer periodo de prácticas, que fue desde el 2 de septiembre hasta el 30 de octubre, estuve en el Hospital Virgen del Camino en la Cuarta Planta General (Medicina Interna). Por el aumento de casos de coronavirus en Navarra (principio de la segunda ola), se empezó a habilitar la planta para personas infectadas de coronavirus, hasta que se convirtió en “planta Covid-19”, al igual que la Sexta y la Quinta General. Al mes, cuando la planta Cuarta General se convirtió en “planta Covid-19”, tuve miedo, ya que, aunque hayamos tenido durante un mes a pacientes que finalmente han dado positivo, no es lo mismo atender a un positivo por turno que atender a todos positivos al mismo tiempo. Fue duro, no os voy a mentir. Los pacientes estaban solos, sin familiares, y estos solo podían ir una persona a visitarles durante una hora al día entre las 17 y las 19 h. Si un familiar se quería quedar con el paciente, debía permanecer durante todo el tiempo de ingreso con él sin poder salir de la habitación. Además, por parte de los profesionales sanitarios, entrábamos a las habitaciones lo mínimo posible. En cada turno se intentaba entrar a las habitaciones a la hora de darles la medicación y la comida, y no volvíamos entrar a no ser que necesitasen algo. En resumen, los pacientes estaban la mayor parte del tiempo solos. Aun así, cuando los pacientes eran familiares, el personal sanitario les daba la opción de ingresar juntos a los dos. Este gesto me pareció muy bonito y se agradece ya que, por lo menos, no pasan solos los días de ingreso y pueden apoyarse mutuamente. Por suerte o por desgracia, nos ha tocado convivir con el coronavirus en la planta y ha sido algo muy enriquecedor, y por muy duro que haya sido, poder hacer prácticas en una planta con pacientes con coronavirus me ha ayudado mucho y he aprendido muchísimo: me he dado cuenta de lo difícil que es trabajar con los equipos de protección individuales (EPIS), también sé cómo tratar a un paciente infectado de Covid-19 y he visto lo qué es el compañerismo, la empatía…

María José Elortza
Cocinera del Complejo Hospitalario.

Al principio de la pandemia, y a nivel personal, sentí incertidumbre de no saber a qué te enfrentas con una enfermedad de la que poco se sabia.

A nivel profesional no nos ha cambiado mucho la forma de trabajar, siendo conscientes además que nuestro trabajo y elaboraciones están destinadas a la alimentación de los pacientes. El simple hecho de llevar mascarilla, por ejemplo, es algo habitual para nosotros, aunque la diferencia es que ahora hay que salir con ella puesta desde casa.

Lo que más destaco es el buen ambiente de trabajo que se fue creando. Incluso nuestros compañeros y compañeras hicieron un vídeo con la famosa canción “Resistiré” del Duo Dinámico.

 

 

Marian Baos Ania
Servicios Generales del Centro San José

En mi lugar de trabajo casi hablábamos de milagros, porque con la que estaba cayendo nosotros nos íbamos librando. Algún caso aislado tuvimos pero muy controlado hasta vísperas de Navidad, cuando entró y nos golpeó duramente.

Si tengo que escoger una emoción para relatar lo sucedido, me decanto por impresionada. Impresiona ver tu centro convertido en casi un hospital de campaña, impresiona que los residentes asumieran el aislamiento con tanta entereza, encerrados en sus habitaciones sin nada con lo que distraerse. Nos dieron una lección.

¿Cuánto nos hemos quejado nosotros durante el confinamiento mientras teníamos de todo? televisión, libros, ordenador…

Impresionada y emocionada al observar la dedicación de cuidadoras, enfermeras, médicos, compañeros de servicios generales en la que todos dimos lo máximo, atendiendo a los enfermos con tanto cariño, trabajando horas extras… Impresiona que el coraje gane a tus miedos.

Ha habido momentos en que te derrumbas, temes por tu familia y seres cercanos pero ves las caras de otros compañeros dándolo todo y te vuelves a levantar.

¿Sabes qué es lo que más me impresiona? Que lo cotidiano, lo que era normal hasta ahora, sea capaz de causar una alegría tan grande que llene tanto el corazón. Así me sucedió cuando al volver de vacaciones vi a todos los residentes de mi área en la sala común juntos; ya no era necesario permanecer aislados (confieso que lloré).

¿Cómo lo que antes era habitual, pasaba tan desapercibida su GRANDEZA? Este virus nos ha traído muchos aprendizajes y entre ellos a valorar lo que realmente importa, a volvernos a maravillar y a agradecer los pequeños detalles y la importancia de las relaciones, y considero que en muchos casos está sacando la mejor versión de nosotros mismos.

Texto: Marian Baos Ania (Momufela) · Fotos: Patxi Pitillas


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